El problema no es la tecnología

Platón reclamó en su tiempo contra esa tecnología nueva de la escritura, una lesera decía porque las ideas van a quedar ahí y no va a ser necesario pensar: sin duda “platonearla” podría ser sinónimo de condoro filosófico.  

Soy profe en la educación superior técnico profesional y me están gustando cada vez más las herramientas virtuales. Por estos días trabajo con algunos estudiantes una wiki, es decir un documento colaborativo. Veo en tiempo diferido y a distancia las intervenciones de cada unx y puedo ayudar: notable.

Pero la wiki la estoy haciendo con un tercio de lxs estudiantes, porque los otros dos tercios no pueden. Miguel, por ejemplo, no puede, el trabajo lo está acogotando, la contingencia sanitaria le alteró todos los horarios. Cristóbal va en la micro de vuelta de la pega, pegado al teléfono, tratando de escuchar las instrucciones, cansado y asustado por el virus y la economía. Javiera tampoco puede porque su teléfono simplemente no da. Ni José ni Claudia ni Sebastián porque si bien cuentan con notebooks, os tienen que compartir en las familias y no alcanzan. Jean Pierre vive en un borde de la ciudad, no le llega señal o se le cae a cada rato. Thiare no tiene la menor idea de cómo entrar a las plataformas, aunque eso se podría arreglar, pero no hay tiempo, tengo 12 cursos, 250 personas, estoy conectado todo el día, me queda la cabeza como papa. Ariel, allegado en la casa de su pareja, se instala en el living y no apagan nunca la tele, en la pieza están los niños, no hay espacio, no hay tiempo. El Kevin, la Francisca y la Natalia quedaron sin pega en marzo, tapados en deudas. Y la Rayen?… La Rayen no puede más, el hermano preso, el abuelo enfermo crónico al que tiene que atender, el hijo, la ansiedad, los miedos, el encierro, los conflictos, la violencia…

No “platoniemos”. El problema no es la tecnología así como tampoco es enfermarse o no enfermarse…

Cuando escapemos de ésta, les voy a proponer a lxs estudiantes que primero salgamos a los patios a celebrar, a jugarnos una pichanga y a bailar y abrazarnos y después nos sentemos a reflexionar: en serio ¿cuál es el problema? ¿qué hay que cambiar? ¿cómo lo cambiamos?

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