Te carcome la rabia, ladrón

No te aguantaste. No pudiste contener la compulsión, como no puedes detener tu cuerpo que se mueve tan extraño, tratando de sacarte algo invisible de encima eternamente.

Fuiste a marcar territorio como los ladrones. Sospecho que en algún nivel de tu conciencia deseaste defecar o mear como ellos, para burlarte y humillar, para ejercer la violencia simbólica y machista que tanto necesitas, quizá para conjurar eso invisible que te atormenta y te ahorca todo el día.

Hubo que vaciar las calles, hubo que poner a todos en cuarentena para que pudieras estar en Plaza Dignidad y fotografiarte. Tal cual como los ladrones, que tienen que esperar rabiosos que los moradores salgan de vacaciones para escabullirse en medio de la soledad.

Estuviste poco rato, un rato tenso y falso, como están los ladrones en las casas ajenas.

Crees que la hiciste de oro, pero no, porque en esta violencia simbólica tuya está la misma rabia y la misma impotencia del ladrón, que no puede quedarse, que deja apenas una parte miserable de sí mismo, pero que no puede quedarse. Te tuviste que ir, Piñera. Te sacaste una foto y te fuiste, como Hitler en la Torre Eiffel. 

Nosotrxs vamos a regresar a Plaza Dignidad y vamos a limpiar y a volver a ocupar  el lugar donde quisiste burlarte. Nos vamos a olvidar que estuviste. En cambio tú, Piñera, nunca más vas a poder pisar otra vez Plaza Dignidad libremente: te carcome la rabia, ladrón.  

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