Dignidad y protección para lxs trabajadorxs de las artes

La labor artística en un país que se define capitalista es precaria, porque el arte no es un bien de consumo, no busca ser un producto.

El arte para poder existir en el sistema, tiene dos opciones: crear productos artísticos que se puedan vender, que cubran alguna necesidad de ese mercado, o por el contrario, gestarse como una resistencia y crear espacios alternativos donde la experiencia se alce por sobre el producto, donde genere modos alternativos de relación entre las personas, que no sea un mercado, sino un encuentro.

Las personas que trabajamos desde un arte no comercial, somos marginales frente al sistema, ya que si bien decidimos no centrarnos en ese mercado, el hecho de ser ciudadanxs exige y obliga a consumir y producir en él: generar ingresos sin un campo laboral seguro, costear el sistema de salud y pensiones, pagar cuentas, arriendo y todo eso sin la garantía de tener acceso a la salud ni a pensiones dignas. 

Ese estado es indigno para todas las personas de clase obrera en general, dentro de una sociedad mercantilizada, pero en el caso del arte esta precariedad se deja ver con mayor profundidad. Y hoy, cuando los espacios de encuentro y de espectáculo se ven cerrados por un gobierno que, paradójicamente, no quiere cerrar los centros comerciales, asolándonos con militares en la calle, vemos caer el apocalipsis. 

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