El caceroleo de cada día

Hace unos días atrás, llegué al barrio pasadas las 21.30 hrs. Venía cansado y medio triste. Llevaba poco más de un mes en asambleas, discutiendo, organizando, saliendo a la calle a sumergirme en el movimiento social una y otra vez, rabiando y angustiándome por la represión.  Me costó ese día, el primero con jornada completa en la pega.

Fui a la plaza. Ya se habían ido al caceroleo. Quedaban algunxs vecinxs conversando en los bancos y lxs mendigxs en la pérgola.

Medio trabadx por dentro, me senté a esperar y a masticar el día.

Entonces oí el canto, las pailas, los tarros, los pitos. No puedo decir que la marcha venía con la fuerza de los panteras negras, sino más bien era una cosa media acompasada y cansina como una romería. De a poco fueron apareciendo por Libertad con Santo Domingo, iluminadxs con las antorchas de siempre. Era un grupo pequeño, 20 o 25, puras caras conocidas.   

No quiero exagerar. Me acerqué, saludé, me puse a conversar, sentí alivio, me fui destrabando. Y con el último abrazo de despedida, ya no estaba el chicle amargo del día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s