Por Gustavo, Fabiola y todxs lxs mutiladxs

¿Qué habrá pasado por su cabeza en ese momento en que todo se fue a negro? ¿Qué habrá pasado por su cabeza cuando le dijeron que ese sería su estado permanente?

Gustavo no perdió sus ojos, se los quitaron. El Estado y las fuerzas policiales lo mutilaron y decidieron que la última imagen que vería sería la de su victimario, de aquel que le disparó sin provocación alguna. 

A pocos días de conocer su diagnóstico final y justo antes de terminar este escrito, la noticia de Fabiola vuelve a estremecernos. Ella, una mujer que iba camino a su trabajo, recibió una lacrimógena en el rostro, la que finalmente terminó por arrebatarle su visión, la posibilidad de volver a ver a su hijo.  

No hay forma de compensar lo que Gustavo, Fabiola y muchxs otrxs están viviendo. No hay manera de devolverles lo que les quitaron. Sus vidas cambiaron para siempre. Pero las nuestras también. Mientras la justicia llega -porque llegará, para eso luchamos-, lo único que podemos hacer por ellxs es seguir despiertxs y demostrarlo día a día en las calles. No podemos volver a dormirnos y regresar a la falsa normalidad en la que vivíamos, a ese mal sueño que ya no queremos tener más.

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