Primera línea

Hace poco más de un mes se empezaron a escuchar las primeras ollas contra cucharas temerosas asomadas por algún balcón y, las más atrevidas, sostenidas fuera de nuestras casas o edificios. Poco a poco nos reunimos en las principales plazas de la ciudad, sin embargo, necesitábamos congregarnos más allá.

Pese al miedo, salimos rápidamente de nuestro cuadrante, llegamos a Plaza de la Dignidad con nuestras ollas y cucharas, junto a nuestros lienzos que clamaban justicia. La avanzada de nuestra protesta solo fue posible porque teníamos una primera línea completa y organizada conteniéndonos y respondiendo a la represión: lxs capuchas.

Durante años se ha cuestionado sus formas sin mirarlxs a ellxs, ¿de dónde viene esa rabia que responde con violencia? ¿No es acaso la misma que a nosotrxs nos sacó de nuestras casas con ollas y cucharas? Probablemente en dimensiones no, pero sí en el fondo.

Esta lucha también es por el amor transversal que se ha manifestado en la calle, ese que a nosotrxs nos hace reivindicarlxs y a ellxs protegernos. En sus manos, en sus caras tapadas, reconocemos el peso de la violencia sistemática más dura. Y son esas mismas manos y rostros cubiertos los que hoy permiten que resuenen nuestras ollas y cucharas, que se escuche nuestra rabia y se levanten nuestros carteles

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