Por y para Abel

Esa madrugada fue cocinado el Acuerdo por la Paz, y pocas horas después el compañero Abel Acuña, de apenas 29 años, fue asesinado por el Estado chileno. 

Ese fin de semana las calles gritaron con fuerza su nombre, y por todo Maipú, comuna en la que vivía, fue velado entre el fuego y las flores.

Su funeral fue el lunes siguiente. 

La emoción me invade al recordar como sus compañerxs, vecinxs y familiares nos abrazamos para despedirlo. Entre cantos y banderas de la U, equipo de sus amores, la familia agradeció a lxs presentes por la compañía y, como era de esperarse, la rabia     por la impunidad de su muerte se hizo notar.

Las dificultades cardiorespiratorias de Abel fueron la excusa suficiente para que el ministro de Salud expiara a Carabineros de su responsabilidad, quien en medio de su asistencia, atacó al cuerpo médico imposibilitando su atención inmediata. Tal vez estaría vivo.

Abel murió sin un culpable. Pero todxs sabemos que lo mató la brutal represión y el negligente actuar policial.

Que no olvidemos jamás, eso nos pidió su padre mientras el cajón se marchaba.

Por ti y por todxs lxs caídos. Hasta la victoria.

NO + MÁRTIRES

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